
No he hablado sobre este blog de Katrina y del catástrofe en la Nueva-Orleans. Muchas cosas a decir sobre la segregacion revelada por esa tragedia. He leído en "El País" (articulo también publicada en "La Tercera") un análisis del economista estadounidense sobre "el Tsunami negro".
"El economista y premio Nobel Amartya Sen ha subrayado que la mayoría de las hambrunas no se deben a una escasez de alimentos, sino a que éstos no llegan hasta las personas que los necesitan, sobre todo porque carecen de poder adquisitivo. Estados Unidos, el país más rico del mundo, tenía claramente los recursos necesarios para evacuar Nueva Orleans. Simplemente, Bush se olvidó de los pobres."
Vos deje leer todo el articulo
Joseph Stiglitz: Las enseñanzas del 'tsunami negro'
Joseph Stiglitz: Las enseñanzas del 'tsunami negro'
El mundo se ha horrorizado por la reacción de Estados Unidos ante el huracán
Katrina y sus consecuencias en Nueva Orleans. Cuatro años después de los ataques
de septiembre de 2001 y después de haberse gastado, supuestamente, miles de
millones de dólares en la "preparación" para otra emergencia, EEUU ha mostrado
al mundo que no estaba preparado... ni siquiera para un acontecimiento que se
produjo tras suficientes avisos.
La reacción del gobierno de Bush ante el
huracán -llamado también el "tsunami negro", en referencia a la devastación que
provocó entre la gente de esa raza- confirmó la sospecha entre los negros de
que, si bien pueden enviar a sus muchachos a luchar a la guerra, no sólo se han
quedado rezagados de la prosperidad, sino que, además, no hay comprensión ni
preocupación por ellos cuando más las necesitan. Se ordenó la evacuación, pero
no se brindaron medios para hacerlo a los pobres. Cuando llegó la ayuda, fue,
según un articulista del New York Times, como en el caso del Titanic: los ricos
y los poderosos salieron los primeros.
Incluso el país más rico del mundo
tiene recursos limitados. Si otorga reducciones tributarias a los ricos,
dispondrá de menos recursos para la reparación de diques; si despliega la
Guardia Nacional para pelear una guerra perdida de antemano en Irak, habrá menos
recursos en casa para una crisis interna.
Hay que elegir y las opciones
tienen importancia. Los políticos como Bush con frecuencia escatiman inversiones
a largo plazo para obtener ventajas a corto plazo. Recientemente, Bush firmó un
despilfarrador proyecto de ley sobre infraestructura, gastando fondos que
podrían haber salvado miles de vidas.
Raras veces han llegado tan rápidamente
las consecuencias de la imprevisión como en los últimos años. Ahora EEUU ha
tenido que pagar el precio de haber pasado por alto los sonoros avisos sobre los
debilitados diques de Nueva Orleans. Es evidente que nada habría podido salvar
del todo a esa ciudad del impacto del Katrina, pero no cabe duda que se podría
haber reducido la devastación.
Pese a sus virtudes, los mercados con
frecuencia no funcionan bien en una crisis. El mercado no reaccionó ante la
necesidad de evacuación enviando enormes convoyes de autobuses para sacar a la
población; en algunos lugares, triplicó los precios de los hoteles en las zonas
vecinas. Semejante comportamiento resulta odioso porque reparte pocos beneficios
y entraña enormes costos distributivos, pues quienes cuentan con recursos se
aprovechan de quienes carecen de ellos.
El economista y premio Nobel Amartya
Sen ha subrayado que la mayoría de las hambrunas no se deben a una escasez de
alimentos, sino a que éstos no llegan hasta las personas que los necesitan,
sobre todo porque carecen de poder adquisitivo. Estados Unidos, el país más rico
del mundo, tenía claramente los recursos necesarios para evacuar Nueva Orleans.
Simplemente, Bush se olvidó de los pobres.
Cuando se es pobre, no se dispone
de una tarjeta de crédito y muchos de los atrapados estaban escasos de fondos
porque era fines de mes. Pero incluso si hubieran tenido dinero, no resulta
evidente que los mercados hubieran respondido con la suficiente rapidez para
brindar la oferta necesaria; en tiempos de crisis, con frecuencia no lo hacen,
sencillamente.
En enero, después del tsunami en Asia, observé que el mundo
había recibido un aviso temprano sobre el calentamiento de la Tierra. El resto
del mundo ha empezado a hacerle caso, pero Bush no ha encabezado una actitud
similar por parte de Estados Unidos. Los científicos están cada vez más
convencidos de que el calentamiento de la Tierra irá acompañado de mayores
alteraciones climáticas. Tal vez Bush abrigara la esperanza de que las
consecuencias del calentamiento de la Tierra se sentirían mucho después de que
abandonara su cargo... y las padecerían más los países tropicales pobres y de
tierras bajas que un país rico situado en la zona templada.
Sin embargo, tal
vez se pueda aplicar a Nueva Orleans el refrán de que no hay mal que por bien no
venga. Quizás EEUU -y, en particular Bush- se convenza de que debe unirse a la
lucha contra la pobreza y para proteger el medio ambiente.
La Tercera,
18/09/05
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